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29 julio 2010

Una de las cosas que más echo de menos

En casa y oyendo la lluvia caer, pienso en lo encantadora que es la ciudad de Viena, y el enclave extraordinario sobre el que se emplaza. Resulta paradójico que precisamente hoy, cuando la lluvia no anima precisamente a salir. El caso es que aquí se puede llegar al bosque dando un paseo, y si un paseo es agradable, ¿cuánto más agradable no sería que ese paseo fuera conduciendo mi escúter?

Se me hace cuanto menos curioso el que durante los días de calor sofocante que arreciaba las semanas pasada no me haya sobrevenido este mismo pensamiento, y que hoy, con el sonido de la lluvia cayendo y en ocasiones salpicando, desde la ventana que tengo a mi espalda, no pueda dejar de pensar como sería subir a Kahlenberg rodando, trazando suavemente sus curvas mientras gozo desde la altura de la vista de la ciudad extendiéndose en el valle y el Danubio perdiéndose en el horizonte, ambos en la lejanía como una ciudad diminuta a la orilla de un arroyo, como si hubieran sido dispuestos adrede para servir de modelo a una pintura . Durante la vuelta dejaría caer la moto al ralentí, para poder recrearme una vez más en ese panorama formidable, y tal vez me despediría en sus faldas brindando por su agreste solemnidad hasta la próxima ocasión en un Heurigen de Kahlenbergdorf.
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11 noviembre 2008

Viena

En el metro hay carteles publicitando la ciudad de Viena. Por si alguno no está convencido aún, un pequeño aporte.

Stephansdom, la catedral de Viena, consagrada a San Esteban. Es la que sale en los carteles del metro:

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Por dentro es impresionante:

Buena parte de los tesoros artísticos que encierra esta iglesia se lo debemos a Anton Pilgram, que aparece autorretratado en un púlpito en la foto de abajo:
Y lo que se ve en los carteles son los tejados, vamos, esto:

Allí han desplegado otra campaña publicitaria, pero con otros fines. En todos los parques y zonas verdes se puede ver algo como esto:


El estilo neoclásico es muy ponible y se lleva en los parlamentos de todo el mundo esta temporada:



El Burgtheather. En el centro Goethe, con Lessing y Schiller flanqueándole. Uno de los de la izquierda es nuestro Calderón.
El ayuntamiento "nuevo". Por aquí me debería pasarme a ver si me dan una comisión por la publicidad que les estoy haciendo. La foto está hecha desde detrás de la Wien Universität, que también es digna de ver.

Michalerplatz. En el centro de la plaza se están excavando unas ruinas romanas y puedes asomarte a curiosear. Dos imperios mano a mano:

De noche Viena es más bonita. La gente de posibles va a la Ópera:

Para terminar el tour, mejor salirse de lo tópico:

PD Este señor no era vienés, pero se defendía en la lengua vernácula. (La foto la pongo a ver si se genera algún tipo de reacción vudú y aprendo por ciencia infusa):


Más, aquí.

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23 mayo 2007

Die Heurigen

Un Heuriger es un típico local austriaco donde se sirve vino, normalmente del año, y cuyos propietarios son viticultores. No en vano heurig significa "este año". Está sometido a una legislación específica, que indica que, entre otras cosas, el vino servido ha de ser de cosecha propia y limita sus épocas y horarios de apertura. Unas ramas colocadas sobre la puerta indican que está abiuerto, dando la bienvenida a los clientes. Tras cruzar la puerta se llega a un patio donde están las mesas y donde se sientan los clientes para pasar una tarde de vinos.

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Antiguamente cada cual se llevaba su propia comida de casa, y se limitaba a beber el vino que allí se servía, pero ahora se puede adquirir en el local a precios muy económicos. Esto produce la particularidad de que la bebida se sirve en la mesa y una camarera en traje regional te trae la cuenta al final, mientras que, para adquirir comida, hay que ir dentro, donde hay una especie de bufé, y pagarla allí en el momento, para sacártela tú mismo a tu mesa. Pedir vino con Almdudler, y entrar a por Schnitzel, Schweinsbraten y ensalada de patatas, no es, en ningún caso, una mala idea. Por el contrario, pedir una cerveza o un cubata, sí lo es: no tienen.

En ocasiones hay músicos interpretando temas típicos con acordeón y guitarra cuya temática principal suele ser... ¡el vino!, y no está de más darles una propinilla. No son dulzainas y tamboriles, pero los chavales le ponen ganas.

En un Heuriger en NußdorfEn los alrededores de los bosques de Viena, junto al Danubio -que más que azul, como en el waltz, es tirando a verdoso-, aparte de unos parajes naturales envidiables, hay infinidad de Heurigen donde reposar tras una caminata. En Nußdorf, por ejemplo, puedes tomarte unos vinillos enfrente de algunas de las casas de Beethoven, (entonces lo del alquiler sí que debía ser precario de cojones). Tal vez, hace dos siglos, el bueno del viejo Ludwig Van, en una de estas mesas concibió alguna de sus sinfonías, inspirado por los caldos de los viñedos vieneses, ¡quién sabe! Lo que es seguro es que que si no fue la inspiración para una de sus grandes obras, lo que sin duda pudo encontrar aquí es lo que los de la tierra llaman Gemütlichkeit.



Prost!

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